A veces pasa: sientes un nudo en la garganta y quieres de verdad decir algo, pero las palabras no te salen. Por algún motivo no es posible controlarlas: o dicen más de lo que quisieras o definitivamente no dicen.
Ayer terminé molesta por culpa de ellas. Y eso que sólo estaban escritas. El problema es que cuando las escribe alguien que conoces puedes imaginarte su tono de voz mientras lo lees, como si te lo dijera en persona. Y, claro, me enojé. No fui la única en todo caso, que leyó y se molestó. Pero internamente sé que no debería importar mucho, que bastaba con decir que me había molestado y punto, no tendría que haber más vueltas en el asunto, y aún hoy hay "algo" (no puedo precisar qué es exactamente) que hace que siga molesta. ¿Será una mala combinación de palabras?
Ése es el punto principal. Qué pasa cuando sientes que quieres decir algo, y no sólo no te salen las palabras, sino que tampoco sabes qué cresta quieres decir. Cuando los sentidos te superan y todas tus sensaciones se vuelven inalcanzables. Simplemente no entiendo, y de verdad que personalmente me cuesta tratar de ponerle nombre al "algo".
No es la primera vez que me pasa. Hace un par de sábados (odio hacer la referencia pero creo que fue para Inglaterra- Portugal <- pa que los futboleros se ubiquen en algo por último... aunque es más lindo decir que fue después de mi hiperventilado examen de civil) el nudito ese se encajó en mi garganta, y podría jurar que me estaba ahogando. Tal vez sería ese ruido insoportable de partido de fútbol visto en lugar público, sumado a lo autista del cuadro: un montón de amigos mirando boquiabiertos una pantalla de plasma, en el que su máxima capacidad de comunicación se limita a reproducir sonidos guturales o gritos, aplausos y garabatos varios dirigidos a personas que se encuentran más o menos a 30 horas de distancia por avión (y sin contar escalas). Colapsé. Y el famoso nudo crecía hasta que llegaron dos grandes amigas al rescate y partimos por un espacio más agradable y menos cacofónico. La conversa de horas frente a un buen té logró que se me pasara el ahogo, pero el nudo siguió ahí, algo menos molesto que antes. Rato después bajó de la garganta al esófago, probablemente producto de mi excesiva ingesta de té que sustituyó a mi leche de la mañana (mencioné que ya era hora de almuerzo??) y seguramente por la ovbia tensión que supone manejar el auto por Vicuña Mackenna después de un examen de día sábado (los odio con todo mi corazón). En la noche fue menos terrible: no había pantalla ni jugadores, pero igual se hablaba del tema en desmedro de algun otro que hubiese podido ser más interesante (por último el caso de la corrupción de los equipos del Calcio, que es fútbol al fin pero con un elemento medio jurídico entremedio, pa que las niñas podamos opinar...).
Al final, el nudo terminó por aburrirse e irse a dormir igual que su portadora. El problema es que el que surgió ayer durmió y se levantó con ella hoy. Así las cosas, creo que necesitaré de un buen marinero (pa que desate el nudo, claro).
martes, julio 11, 2006
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1 comentario:
Lo siento!!!! No es mi intención!!! Si lo que escribo se lee como lo que hablo, para bien o para mal es mérito comunicativo, eh? :P
Cuando tengo esa clase de nudos, suelo decir las cosas tal como las pienso/siento, frenándome en el camino (todo esto, claro, mientras mi interlocutor no sea mi jefe, ahí me reprimo).
Me ofrezco a desatar tu nudo, eso sí no pienses que me vestiré de marinero. Village People es sólo para escucharlo.
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